Patrimonio Cultural

EDIFICIOS DE INTERÉS

Parroquia de Viña del Mar

 

La Parroquia Nuestra Señora de Dolores es el templo más antiguo de la ciudad. Conocida como la “Parroquia de Viña del Mar”, esta edificación recuerda a doña Dolores Pérez de Álvarez, que legó el terreno para que se levantara el principal templo viñamarino. Establecida entre las calles Álvarez y Errázuriz, esta iglesia es totalmente céntrica, permitiendo así un fácil acceso a ella. Las paredes de esta construcción están llenas de historia y bellos precedentes, entre lo que podemos mencionar el bautizo del Santo Alberto Hurtado Cruchaga.

Fue doña Dolores Pérez de Álvarez, dueña de la Hacienda las Siete Hermanas y la Viña de la Mar, quien, por incentivo propio, decidió forjar una iglesia en la ciudad con el fin de agrupar a todos los creyentes de la zona en un solo y gran templo de exquisita arquitectura.

En 1871 se puso la primera piedra de la construcción: “[D]edicada al Salvador del Mundo, i bajo la advocación de la Santísima Virgen María de los Dolores, i del Bienaventurado San Francisco de Asís, en el terreno consagrado a este piadoso objeto, por su legítima propietaria la Señora Dolores Pérez de Álvarez, quien la fundó, edificó y dotó a sus expensas, a la memoria de su finado esposo Don Francisco Álvarez (Q.E.P.D).” (Harire, Kamel y Salomó, Jorge, Los Vitrales de Nuestra Señora de los Dolores, Parroquia de Viña del Mar).

Para la primera construcción, terminada el 3 de Enero de 1882, se utilizó un estilo neoclásico con una imponente figura con dos grandes campaniles laterales en su fachada. Esta obra perduró hasta 1906, año en que el terremoto de Valparaíso arrasó con la ciudad no siendo este edificio la excepción, obligando a sus encargados a derribarlo y construir uno nuevo. Sin embargo, en los años en que se abrieron las puertas hasta el día del terremoto, la parroquia bautizada como Nuestra Señora de Dolores, debió asistir no sólo a Viña del Mar, sino también a Concón, El Salto y Peñablanca. Ya en 1912 se había inaugurado el nuevo templo, gracias a que el Obispado de Valparaíso y el párroco Rafael Labbé convocaron al arquitecto Emilio Jecquier para que  lo reconstruyera, resaltando en él la corriente arquitectónica neorromántica, con una torre altísima como centro y soporte de la construcción, esta obra, la que es posible admirar incluso hoy debido a que aún permanece incólume, revela hermosos vitrales, muchos de ellos donados a la parroquia por familias de mucho arraigo en la ciudad.

Pero además de su valor arquitectónico, esta iglesia es también un bien preciado para los viñamarinos, debido a la historia que conserva como valor exclusivo. Fue en este lugar donde, el 28 de febrero de 1912, el santo chileno Alberto Hurtado fue bautizado. Por ello, a un costado del templo, en la Plaza Marmaduque Grove, hoy llamada popularmente Plaza Parroquia, se puede ver un monumento dedicado a la memoria del Santo, obra de la escultora chilena Francisca Cerda, que permanece allí desde 1998.

 

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